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Reflexiones PADRE AMADO AGUIRRE |
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La fe como obsequio racional...
La Eucaristía: misterio y realidad...
Si hay algo explícito, determinante y continuamente
actualizado durante dos milenios, es sin duda lo que todo
fiel católico afirma: la presencia real del Cuerpo
y de la Sangre de Jesús en cada Misa. Y asisten a esa
función religiosa, piadosamente algunos, otros por
costumbres atávicas o por compromisos sociales o políticos.
Ya nadie se extraña de que miles, millones de hombres,
de todas las condiciones sociales, culturales y económicas
por casi dos milenios se reúnan para asistir a este
acto tan simple y de tanta trascendencia. Todo es un puro
misterio. Más allá de la razón, más
allá de los sentidos. Sin embargo la continuidad lo
ha hecho habitual; y lo habitual ya no impresiona...
¿En qué consiste este misterio? En algo humanamente
absurdo. Durante la Misa, el sacerdote repite textualmente
las palabras enfáticas de Cristo: " Tomad y comed,
esto es mi Cuerpo"... " bebed todos de él
(la copa con vino) porque esta es mi sangre"... "El
que no come mi cuerpo ni bebe mi sangre no tendrá vida
en Mí"... Así de simple. Pero, ¿esto
es posible? ¿Podemos comer su cuerpo y beber su sangre
realmente? Alguien dirá: esto es un dato del inconsciente
humano de una antropofagia mística... Para el ateo
actual, sería una increíble aberración
científica. Para el agnóstico, un caso "testigo"
de recurso mágico ante el miedo a lo desconocido. Y
para millones de discípulos del Señor, la prueba
máxima de la presencia real y vivencial de Dios en
la Humanidad.
Pero el fiel cristiano, que cree para comprender, se pregunta:
¿se come realmente el Cuerpo de Cristo? Es dogma de
fe que la Hostia consagrada es el Cuerpo vivo de Cristo. Pero
está bajo las mismas apariencias (accidentes) de un
pedacito de pan que se puso sobre el altar. Ahora bien: aquí
se nos presenta una cuestión difícil de dilucidar.
Y es la siguiente: cuando Jesús pronuncia las palabras
consagratorias, todavía estaba vivo humanamente. No
tenía entonces el llamado Cuerpo glorioso post resurreccionem.
Por lo tanto, parece lógico que sus discípulos
presentes tomaran esas palabras consagratorias, no en sentido
real físicamente hablando, sino en un amplio sentido
alegórico o místico o parabólico. Por
lo tanto, se podría aceptar como hipótesis teológica
la introducción de un sentido distinto del literal,
en el momento de la consagración del pan y del vino
por el Señor.
Pero, para nosotros , los cristianos después de la
muerte y resurrección del Señor, la doctrina
común afirma claramente la presencia del Cuerpo y Sangre
en el pan y el vino consagrados. Por lo tanto, parece lógico
admitir que realmente "comemos" el "Cuerpo
glorioso" que es el único que tiene Jesús
resucitado. No hay antropofagia mística. Evidentemente,
toda esta cuestión tiene sentido desde la fe y por
la fe, que es un don de Dios que no se puede exigir a nadie.
Finalmente, quiero terminar con una célebre exposición
semipoética del gran teólogo Santo Tomás
sobre el misterio de la eucaristía. Dice así
y perdóneseme la cita original en latín:
Visus, tactus, gustus (la vista, el tacto, el gusto)
In te fallitur, (se equivocan en ti)
Sed auditu solo tuto creditur (pero solo el oído cree
con seguridad)
Credo quidquid dixit (creo todo lo que dice
Dei Filius, (el Hijo de Dios)
Nihil hoc verbo veritatis (Nada hay de más verdadero
que esta palabra de verdad)
Verius.-
Conclusión: No es fácil creer en serio... en
una sociedad que corre al margen del Mensaje evangélico
de "verdad, libertad y amor".-
Pbro. José Amado
Aguirre. T. 03532-420619
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