La mujer,
¿misterio divino?Hay una profusa literatura y aún
investigaciones teológicas específicas sobre este tema. Me
referiré a algunos casos sintomáticos y extremos.
Primera observación: la mujer en tanto que mujer es
"naturalmente religiosa". La Iglesia católica reza por el
"devoto sexo femenino". Sin embargo también es cierto que existe
una milenaria discriminación y marginación de la mujer respecto
al acceso a órdenes sagradas y a oficios directivos dentro de la
administración eclesiástica. Marginación que no se fundamenta en
el mensaje evangélico.
Segunda observación: El amor femenino se manifiesta
normalmente como una característica fundante de su psiquismo en
grado cualitativamente superior al varón. El oficio de "madre"
es mucho más profundo que el oficio de "padre" en el varón.
Tercera observación: en casos extremos, el amor femenino
rompe todos los límites. Es decir, no tiene límites ni físico,
ni psicológicos, ni religiosos. Veamos algunos ejemplos en la
historia y en la literatura. En la obra dramática "Ifigenia en
Áulide", cuando el sacerdote exige el sacrificio de la hija del
rey Agamenón para obtener vientos favorables en la expedición
contraTroya, con mucha angustia acepta el rey... pero no lo
acepta la reina madre... y finalmente, ella, la hija núbil, se
entrega voluntariamente al sacrifico. El supremo sacrificio es
aceptado en pro de su pueblo.
Cuarta observación: el trágico amor del célebre Maestro
de la Universidad de París, Pedro Abelardo, con su alumna
Heloísa nos hace entrar duramente en el núcleo insondable del
amor femenino. El afamado Maestro, que no era sacerdote pero sí
clérigo (condición inherente para tal cargo), le propone
matrimonio a su alumna. Pero ella no quiere... porque él tenía
que abandonar su oficio docente. Prefiere ser ocultamente su
amante para que pudiera continuar con su cátedra. Conocidas
estas relaciones prohibidas, los enemigos del Maestro consiguen
salvajemente mutilarlo. Ahora sí que se evidencian las posturas
disímiles hasta la muerte... El, trata inútilmente de que
Heloísa acepte como una expiación el ultraje a su virilidad... Y
se aleja a hacer penitencia como un ermitaño. Pero, sus
discípulos van a buscarlo... y tiene que seguir como el Maestro
indiscutido de París. Y empiezan las cartas de Abelardo a su
desgraciada Heloísa, una tras otra, insistiendo siempre en lo
mismo: debes aceptar mi mutilación como yo la acepto en
expiación de mi pecado y del tuyo. Pídele perdón a Dios, por
favor... Y Heloísa, para liberar de culpa a su siempre amado
Abelardo, entra en un convento para toda su vida...y se comporta
con tantas muestras de penitencias y santidad, que es nombrada
Abadesa de ese Convento... Pero hasta la última carta que yo
pude leer estremecido de compasión y horror teológico, ella
afirma: todo lo hago por ti... para que no te eches ninguna
culpa... no puedo dejar de amarte... y no quiero ir al cielo
para no ver el rostro de ese Dios que permitió el ultraje de tu
cuerpo...!!!
¡Dios mío! ¿Cómo puede romper todos los diques el amor
femenino? El amor irrumpe más allá de lo humano... quizás se
esté comunicando con la divino, ya que Dios es AMOR!
Quinta observación: Pero, ¿qué dijo Jesús al respecto
cuando los fariseos murmuraban porque el Maestro aceptaba las
llorosas caricias de una mujer reputada como prostituta, "todos
su pecados le son perdonados porque amó mucho"... ¡Allí está el
amor de Heloísa!..
Sexta observación: veamos ahora finalmente el extremado
amor de una Santa Doctora. Leyendo notas luminosas escritas por
el célebre historiador Enrique de Gandía, de cuya amistad me
honro, encuentro esta supra racional, supra teológica aspiración
de Santa Teresa de Jesús: quisiera poder ir al infierno... para
que también allí alguien amara a Dios!!!...
Conclusión: ¡Basta Señor de atreverme a volar con mis
alas de cera!!! Pero ya Juan, tu discípulo amado afirmó: Dios es
amor. El amor rompe todas las fronteras humanas... y la mujer es
la creatura que más intuye y siente esa "chispita" de Dios, como
afirmaba un místico alemán.
Pbro. José Amado Aguirre
padreaguirre@arnet.com.ar