Sociológica, teológica e históricamente se
puede y debe analizar a través de dos mil años, la trayectoria
de la llamada Iglesia católica, desde su inicio como religión de
un solo Dios verdadero para toda la humanidad. No podemos
recurrir al simplismo de admitir que esta Iglesia por ser
fundada por Dios mismo en la persona de Jesús de Nazaret, no
puede caer en errores ni patrocinar delitos y pecados. Pero
tampoco debemos pretender juzgar las doctrinas y acciones
oficiales de la Iglesia desde una postura a priori negando las
tipificaciones de lo sobrenatural. La Historia eclesiástica nos
demuestra que han existido, y aún existen dos líneas de
observación analítica: una de tendencia dogmática, imperialista,
y otra liberal, en el amplio sentido teológico.
A.- Línea dogmática. Para comprender
la ideología de esta línea, debemos referirnos a la Iglesia
cuando dominaba a la sociedad romana y se constituía con el
Emperador Teodosio en el año 392, como religión oficial del
Estado. La gran tentación del "Poder y de la Gloria" atrae a
muchos Papas que se constituyen con poderes supremos al modo
imperialista. Era comprensible, aunque no justificable. Hoy día
se ve con claridad que tal "tentación" alejaba a la Iglesia de
su prístina doctrina evangélica de verdad, libertad y amor.
Veamos: ya en el siglo V, el Papa Gelasio I
declaró las competencias de la Iglesia y del Estado de la
siguiente manera: "Después de casi dos siglos de experiencia, de
Constantino en adelante, Gelasio I tuvo la ocasión de formular
la tesis de las relaciones entre el poder político y el poder
espiritual. Él reivindica claramente la independencia de la
Iglesia del poder político en materia espiritual. Su
tesis es dualística sin atenuación. Los dos poderes vienen de
Dios, uno en el campo espiritual el otro en lo material.
Los obispos están sujetos al emperador en las cosas temporales;
los emperadores a los obispos en las cosas espirituales. Gelasio
reivindica la inmunidad eclesiástica. Por lo tanto, sobre
esta tesis se basa toda la tradición católica." (Cf. Chiesa e
Stato... Luigi Sturzo. Edit. Zanichelli. 1958. Pgs. 19 y 20) Con
solo esta cita se podrá comprender cómo todavía muchos
escritores católicos continúan con el manido error de declarar
que la competencia legítima de la Iglesia es sobre lo
"espiritual y lo anejo a lo espiritual" como lo afirma el actual
código de derecho canónico en su canon n°.1401 (incredibile
dictu...) En mi libro de Tesis: Unificación del Régimen
matrimonial, estudié y refuté esta doctrina en nombre de la
razón y de la teología cristiana. Es decir, que la competencia
legítima y exclusiva de la Iglesia es únicamente en orden a lo
"sobrenatural", término que no es sinónimo de espiritual. Así lo
declaró el gran Pontífice León XIII en su Encíclica Libertas.
Desde esta confusión se pretendió y lamentablemente aún se
pretende por la línea "imperialista" de la Iglesia, someter a la
competencia legítima de la Iglesia no sólo el orden
sobrenatural, sino también el espiritual que es más extenso y un
atributo intrínsecamente humano. Dentro de esta línea afirma el
mismo derecho canónico en su número 1254: "Por derecho nativo, e
independientemente de la potestad civil, la Iglesia... puede
adquirir, retener, administrar y enajenar bienes temporales."
También la "censura previa" está declarada por el canon 823:
"...los pastores de la Iglesia tienen el deber y el derecho...
de exigir que los fieles sometan a su juicio los escritos que
vayan a publicar y tengan relación con la fe o costumbres; y
también reprobar los escritos nocivos para la rectitud de la fe
o para las buenas costumbres." Termino estas citas canónicas
derivadas de la línea imperialista, citando el canon 1404: "La
Primera Sede por nadie puede ser juzgada", es decir que " su
persona ( el Papa) se halla fuera de cualquier fuero,
eclesiástico o secular, ya que no hay ninguna autoridad superior
a él que pueda juzgarle". (Sic) ¿A dónde quedan las reiteradas
protestas de Cristo de que "su Reino no es de este mundo?" Y
"que no vine a ser servido sino a servir?" Y en el lenguaje
apostólico: "debemos obedecer a las autoridades aún a las
díscolas?".
La praxis eclesiástica a partir de la
oficialización del cristianismo como religión del Estado, siguió
lamentablemente contagiada por el dominio imperial. Veamos esta
cita de un santo obispo, San Hilario hacia el siglo IV: "El
poder hace más daño a la Iglesia que la persecución... La
Iglesia que fue creída cuando estaba en las cárceles y en el
destierro, obliga hoy a creer en ella mediante amenazas de
cárcel o destierro". (La libertad de palabra en la Iglesia y en
la teología. José González Faus. Sal Terrae, pg.13)
Los Sumos Pontífices, con la potestad
política monárquica en los Estados Pontificios, robustecieron
esta línea imperialista eclesiástica. El Papa Gregorio VII
"autor del famoso Dictatus Papae (1075) con 27 proposiciones,
entre ellas la 12 que proclamaba el poder del Papa para deponer
a los reyes... y la 27, el poder de liberar a los súbditos del
juramento de fidelidad, las llamaba los ojos del cuerpo, y
Godofredo de Vendome, las dos espadas. Pero la espada espiritual
era superior a la temporal... consiguientemente, el Papa era
superior al Emperador y podía juzgarlo y deponerlo..." ( Jesús
Álvarez Gómez. Manual de Historia de la Iglesia. Edit.
Claretiana, pg. 154) Sigue esta línea el poderoso Papa Bonifacio
VIII con su Bula: "Clericis laicos" (1296) " por la que se
prohibía, con excomunión, pagar los diezmos al rey sin permiso
del Papa". Posteriormente publicó su célebre Bula "Unam Sanctam",
exigiendo la adhesión a la Iglesia de Roma para obtener la
salvación. De allí la famosa expresión teológica: "extra
Ecclesiam non est salus" (fuera de la Iglesia no hay salvación)
Así se entiende la Institución oficial del Tribunal de la Santa
Inquisición por el Papa Gregorio IX en 1231 y cuarenta años más
tarde se admiten las torturas a los imputados de herejías,
brujerías, etcétera, etcétera. "Los reyes católicos de España la
adoptan peticionándola al Papa como medio eficaz de combatir
moros y judíos. Se inició con la quema de seis judaizantes y
pasó a las Colonias. San Pío V fue inquisidor (1566-72)"
(CRITERIO n°2088- abril de 1992). El mismo curioso historiador
cordobés Don Efraín Bischof, hurgando en la biblioteca del
Arzobispado de Córdoba, pudo publicar su pequeño y documentado
libro sobre la "Inquisición" en la Colonia y en nuestra Patria.
Allí consta cómo nuestro vocal Moreno tuvo que conducir a varios
"condenados al Tribunal de la Santa Inquisición en Lima" entre
ellos un sacerdote. Felizmente en la Asamblea del año 13, se
declara la supresión de ese Tribunal para la nueva república en
formación. Es decir que no fue la autoridad eclesiástica la que
declaró la supresión del "Santo Tribunal" para estas Colonias,
como tampoco para ningún país donde existiera. Hasta hoy día.
Otro significativo dato correspondiente a
esta línea imperialista lo encontramos referido a la Revolución
francesa. El lema y la acción era y es la tríada de derechos
humanos: libertad, igualdad, fraternidad. Y ese lema
profundamente cristiano... fue impuesto a la fuerza en contra
del monarquismo absoluto laico y papal... "Cuando en Francia se
hacían esfuerzos, bajo el liderazgo del abad Felicité de
Lamenais, del conde de Montalembert y del Pbro. Lacordaire...
para persuadir a la Iglesia de que se alineara con la democracia
y la soberanía popular, el Papa Gregorio XVI reaccionó con su
Encíclica MIRARI VOS de 1832, que condenaba la "absurda y
errónea sentencia de que se debe afirmar y vindicar para cada
uno la absoluta libertad de conciencia", junto con "aquella
pésima y nunca suficientemente execrada y detestada libertad de
prensa para la difusión de cualesquiera escritos". El Papa que
lo sucedió, Pío IX, no sólo ratificó esta postura antiliberal
sino que aumentó las condenaciones a los partidarios de los
llamados derechos humanos. Así lo declaró enfáticamente en su
Encíclica "Quanta cura" a la que agregó el famoso SYLLABUS, o
compendio de errores nefastos en 1864. "De hecho, por más de
tres siglos, la Iglesia en esa mezcla de defensa de los valores
que inspiraban la sociedad con la del poder de una burocracia
clerical, rechazó el proyecto político del estado moderno. Su
último gran acto de guerra fue la Encíclica Quanta cura, con su
Syllabus o catálogo de errores modernos". ("Iglesia y Pueblo en
Argentina, pg.43. Mons.Geraldo Farrell). Esto ocasionó en
nuestra Patria el agudo problema social y político cuyas
consecuencias todavía perviven lamentablemente.
La pérdida de la soberanía de los llamados
Estados Pontificios en el centro de Italia y con capital Roma,
en 1870, insufló nuevos vientos de libertad y evangelización. El
mismo Sumo Pontífice Pablo VI pudo sincerarse para su conciencia
y para toda la Iglesia, al decir "gracias a Dios la Iglesia ya
no es una monarquía temporal..." Esta línea imperialista se
diluye por el incremento de ideologías laicas y aún
anticlericales a nivel mundial. Finalmente el gran Pontífice Pío
XII declara a la democracia como la forma más racional y
cristiana de vida social y política en el Mensaje de Navidad de
1945. El Concilio Ecuménico más numeroso de la bimilenaria
Iglesia, acepta todas las ideas conducentes a la plenitud de
derechos individuales y sociales del Hombre, por ser tal. El
Vaticano II está abierto para todo hombre de buena voluntad.
Nada de dogmatismo ni condenaciones. Todos los llamados derechos
del Hombre, son legitimados y asumidos, reconociendo al mismo
tiempo los errores de la Iglesia cometidos en su larga historia.
Quedan sí, algunas esquirlas de esta larga lucha, pero ya no son
funcionales... A nadie asustan. Así los cánones arriba citados.
B.-Línea liberal. Esta línea es la
producida por reacción al largo período de decadencia del
catolicismo en la aceptación mundial. Las ciencias dominan el
ambiente de las ideas y acciones. La sociología y la sicología
abren nuevos cauces, que de ser verdaderos, necesariamente son
cristianos...siempre que se recurra al Mensaje evangélico. Quien
tiene miedo a la verdad, ya está apostatando de su fe. Quien no
reconoce la libertad de cada persona, está renegando de Cristo.
Quien acude a un sistema penal para conducir a los creyentes en
Jesús de Nazaret, está negando la doctrina del amor... Grandes
teólogos, algunos aún condenados por la Jerarquía eclesiástica,
prepararon y exigieron un nuevo Concilio Ecuménico, el Vaticano
II de los años 60. Juan XXIII lo impuso a lo divino... Ya no
caben los retrocesos. Las Encíclicas Pacem in Terris y Mater et
Magistra, dan nuevas líneas teóricas y prácticas. "Recedant
vetera...nova sint omnia" (váyanse las cosas viejas... vengan
las nuevas...)
Ya son viables los grandes temas que antes
estaban prohibidos: el celibato opcional, para guardar la gracia
santificante, esencial en la vida de todo creyente, máxime si
sacerdote...; la admisión a todos los sacramentos a los
divorciados vueltos a casarse, según la fidelidad a su propia
conciencia, y no a una resolución humana de un Tribunal
eclesiástico...; el control científico de la natalidad con el
método que ocasione el menor daño posible, más allá de la
Encíclica Humanae Vitae de Pablo VI.... ; la dignificación de la
mujer y su ascenso a todos los niveles humanos, aún al
sacerdocio.... ; la corrección del actual Código de derecho
canónico, para darle una finalidad más pastoral que
imperial....; la supresión del sistema penalista del Catecismo
actual... Etcétera, etcétera.
Conclusión: La esperanza, es la virtud del
que tiene fe. El que tiene fe, abdica del temor. "¡Pedro, deja
tu espada!... ¡Conduce mar adentro!.. ¡No temas... Yo estaré
siempre contigo!".
Pbro. José Amado Aguirre. T. 03532-420619