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Reflexiones PADRE AMADO AGUIRRE        

Las dos líneas históricas de la trayectoria de la Iglesia

Sociológica, teológica e históricamente se puede y debe analizar a través de dos mil años, la trayectoria de la llamada Iglesia católica, desde su inicio como religión de un solo Dios verdadero para toda la humanidad. No podemos recurrir al simplismo de admitir que esta Iglesia por ser fundada por Dios mismo en la persona de Jesús de Nazaret, no puede caer en errores ni patrocinar delitos y pecados. Pero tampoco debemos pretender juzgar las doctrinas y acciones oficiales de la Iglesia desde una postura a priori negando las tipificaciones de lo sobrenatural. La Historia eclesiástica nos demuestra que han existido, y aún existen dos líneas de observación analítica: una de tendencia dogmática, imperialista, y otra liberal, en el amplio sentido teológico.

A.- Línea dogmática. Para comprender la ideología de esta línea, debemos referirnos a la Iglesia cuando dominaba a la sociedad romana y se constituía con el Emperador Teodosio en el año 392, como religión oficial del Estado. La gran tentación del "Poder y de la Gloria" atrae a muchos Papas que se constituyen con poderes supremos al modo imperialista. Era comprensible, aunque no justificable. Hoy día se ve con claridad que tal "tentación" alejaba a la Iglesia de su prístina doctrina evangélica de verdad, libertad y amor.

Veamos: ya en el siglo V, el Papa Gelasio I declaró las competencias de la Iglesia y del Estado de la siguiente manera: "Después de casi dos siglos de experiencia, de Constantino en adelante, Gelasio I tuvo la ocasión de formular la tesis de las relaciones entre el poder político y el poder espiritual. Él reivindica claramente la independencia de la Iglesia del poder político en materia espiritual. Su tesis es dualística sin atenuación. Los dos poderes vienen de Dios, uno en el campo espiritual el otro en lo material. Los obispos están sujetos al emperador en las cosas temporales; los emperadores a los obispos en las cosas espirituales. Gelasio reivindica la inmunidad eclesiástica. Por lo tanto, sobre esta tesis se basa toda la tradición católica." (Cf. Chiesa e Stato... Luigi Sturzo. Edit. Zanichelli. 1958. Pgs. 19 y 20) Con solo esta cita se podrá comprender cómo todavía muchos escritores católicos continúan con el manido error de declarar que la competencia legítima de la Iglesia es sobre lo "espiritual y lo anejo a lo espiritual" como lo afirma el actual código de derecho canónico en su canon n°.1401 (incredibile dictu...) En mi libro de Tesis: Unificación del Régimen matrimonial, estudié y refuté esta doctrina en nombre de la razón y de la teología cristiana. Es decir, que la competencia legítima y exclusiva de la Iglesia es únicamente en orden a lo "sobrenatural", término que no es sinónimo de espiritual. Así lo declaró el gran Pontífice León XIII en su Encíclica Libertas. Desde esta confusión se pretendió y lamentablemente aún se pretende por la línea "imperialista" de la Iglesia, someter a la competencia legítima de la Iglesia no sólo el orden sobrenatural, sino también el espiritual que es más extenso y un atributo intrínsecamente humano. Dentro de esta línea afirma el mismo derecho canónico en su número 1254: "Por derecho nativo, e independientemente de la potestad civil, la Iglesia... puede adquirir, retener, administrar y enajenar bienes temporales." También la "censura previa" está declarada por el canon 823: "...los pastores de la Iglesia tienen el deber y el derecho... de exigir que los fieles sometan a su juicio los escritos que vayan a publicar y tengan relación con la fe o costumbres; y también reprobar los escritos nocivos para la rectitud de la fe o para las buenas costumbres." Termino estas citas canónicas derivadas de la línea imperialista, citando el canon 1404: "La Primera Sede por nadie puede ser juzgada", es decir que " su persona ( el Papa) se halla fuera de cualquier fuero, eclesiástico o secular, ya que no hay ninguna autoridad superior a él que pueda juzgarle". (Sic) ¿A dónde quedan las reiteradas protestas de Cristo de que "su Reino no es de este mundo?" Y "que no vine a ser servido sino a servir?" Y en el lenguaje apostólico: "debemos obedecer a las autoridades aún a las díscolas?".

La praxis eclesiástica a partir de la oficialización del cristianismo como religión del Estado, siguió lamentablemente contagiada por el dominio imperial. Veamos esta cita de un santo obispo, San Hilario hacia el siglo IV: "El poder hace más daño a la Iglesia que la persecución... La Iglesia que fue creída cuando estaba en las cárceles y en el destierro, obliga hoy a creer en ella mediante amenazas de cárcel o destierro". (La libertad de palabra en la Iglesia y en la teología. José González Faus. Sal Terrae, pg.13)

Los Sumos Pontífices, con la potestad política monárquica en los Estados Pontificios, robustecieron esta línea imperialista eclesiástica. El Papa Gregorio VII "autor del famoso Dictatus Papae (1075) con 27 proposiciones, entre ellas la 12 que proclamaba el poder del Papa para deponer a los reyes... y la 27, el poder de liberar a los súbditos del juramento de fidelidad, las llamaba los ojos del cuerpo, y Godofredo de Vendome, las dos espadas. Pero la espada espiritual era superior a la temporal... consiguientemente, el Papa era superior al Emperador y podía juzgarlo y deponerlo..." ( Jesús Álvarez Gómez. Manual de Historia de la Iglesia. Edit. Claretiana, pg. 154) Sigue esta línea el poderoso Papa Bonifacio VIII con su Bula: "Clericis laicos" (1296) " por la que se prohibía, con excomunión, pagar los diezmos al rey sin permiso del Papa". Posteriormente publicó su célebre Bula "Unam Sanctam", exigiendo la adhesión a la Iglesia de Roma para obtener la salvación. De allí la famosa expresión teológica: "extra Ecclesiam non est salus" (fuera de la Iglesia no hay salvación) Así se entiende la Institución oficial del Tribunal de la Santa Inquisición por el Papa Gregorio IX en 1231 y cuarenta años más tarde se admiten las torturas a los imputados de herejías, brujerías, etcétera, etcétera. "Los reyes católicos de España la adoptan peticionándola al Papa como medio eficaz de combatir moros y judíos. Se inició con la quema de seis judaizantes y pasó a las Colonias. San Pío V fue inquisidor (1566-72)" (CRITERIO n°2088- abril de 1992). El mismo curioso historiador cordobés Don Efraín Bischof, hurgando en la biblioteca del Arzobispado de Córdoba, pudo publicar su pequeño y documentado libro sobre la "Inquisición" en la Colonia y en nuestra Patria. Allí consta cómo nuestro vocal Moreno tuvo que conducir a varios "condenados al Tribunal de la Santa Inquisición en Lima" entre ellos un sacerdote. Felizmente en la Asamblea del año 13, se declara la supresión de ese Tribunal para la nueva república en formación. Es decir que no fue la autoridad eclesiástica la que declaró la supresión del "Santo Tribunal" para estas Colonias, como tampoco para ningún país donde existiera. Hasta hoy día.

Otro significativo dato correspondiente a esta línea imperialista lo encontramos referido a la Revolución francesa. El lema y la acción era y es la tríada de derechos humanos: libertad, igualdad, fraternidad. Y ese lema profundamente cristiano... fue impuesto a la fuerza en contra del monarquismo absoluto laico y papal... "Cuando en Francia se hacían esfuerzos, bajo el liderazgo del abad Felicité de Lamenais, del conde de Montalembert y del Pbro. Lacordaire... para persuadir a la Iglesia de que se alineara con la democracia y la soberanía popular, el Papa Gregorio XVI reaccionó con su Encíclica MIRARI VOS de 1832, que condenaba la "absurda y errónea sentencia de que se debe afirmar y vindicar para cada uno la absoluta libertad de conciencia", junto con "aquella pésima y nunca suficientemente execrada y detestada libertad de prensa para la difusión de cualesquiera escritos". El Papa que lo sucedió, Pío IX, no sólo ratificó esta postura antiliberal sino que aumentó las condenaciones a los partidarios de los llamados derechos humanos. Así lo declaró enfáticamente en su Encíclica "Quanta cura" a la que agregó el famoso SYLLABUS, o compendio de errores nefastos en 1864. "De hecho, por más de tres siglos, la Iglesia en esa mezcla de defensa de los valores que inspiraban la sociedad con la del poder de una burocracia clerical, rechazó el proyecto político del estado moderno. Su último gran acto de guerra fue la Encíclica Quanta cura, con su Syllabus o catálogo de errores modernos". ("Iglesia y Pueblo en Argentina, pg.43. Mons.Geraldo Farrell). Esto ocasionó en nuestra Patria el agudo problema social y político cuyas consecuencias todavía perviven lamentablemente.

La pérdida de la soberanía de los llamados Estados Pontificios en el centro de Italia y con capital Roma, en 1870, insufló nuevos vientos de libertad y evangelización. El mismo Sumo Pontífice Pablo VI pudo sincerarse para su conciencia y para toda la Iglesia, al decir "gracias a Dios la Iglesia ya no es una monarquía temporal..." Esta línea imperialista se diluye por el incremento de ideologías laicas y aún anticlericales a nivel mundial. Finalmente el gran Pontífice Pío XII declara a la democracia como la forma más racional y cristiana de vida social y política en el Mensaje de Navidad de 1945. El Concilio Ecuménico más numeroso de la bimilenaria Iglesia, acepta todas las ideas conducentes a la plenitud de derechos individuales y sociales del Hombre, por ser tal. El Vaticano II está abierto para todo hombre de buena voluntad. Nada de dogmatismo ni condenaciones. Todos los llamados derechos del Hombre, son legitimados y asumidos, reconociendo al mismo tiempo los errores de la Iglesia cometidos en su larga historia. Quedan sí, algunas esquirlas de esta larga lucha, pero ya no son funcionales... A nadie asustan. Así los cánones arriba citados.

B.-Línea liberal. Esta línea es la producida por reacción al largo período de decadencia del catolicismo en la aceptación mundial. Las ciencias dominan el ambiente de las ideas y acciones. La sociología y la sicología abren nuevos cauces, que de ser verdaderos, necesariamente son cristianos...siempre que se recurra al Mensaje evangélico. Quien tiene miedo a la verdad, ya está apostatando de su fe. Quien no reconoce la libertad de cada persona, está renegando de Cristo. Quien acude a un sistema penal para conducir a los creyentes en Jesús de Nazaret, está negando la doctrina del amor... Grandes teólogos, algunos aún condenados por la Jerarquía eclesiástica, prepararon y exigieron un nuevo Concilio Ecuménico, el Vaticano II de los años 60. Juan XXIII lo impuso a lo divino... Ya no caben los retrocesos. Las Encíclicas Pacem in Terris y Mater et Magistra, dan nuevas líneas teóricas y prácticas. "Recedant vetera...nova sint omnia" (váyanse las cosas viejas... vengan las nuevas...)

Ya son viables los grandes temas que antes estaban prohibidos: el celibato opcional, para guardar la gracia santificante, esencial en la vida de todo creyente, máxime si sacerdote...; la admisión a todos los sacramentos a los divorciados vueltos a casarse, según la fidelidad a su propia conciencia, y no a una resolución humana de un Tribunal eclesiástico...; el control científico de la natalidad con el método que ocasione el menor daño posible, más allá de la Encíclica Humanae Vitae de Pablo VI.... ; la dignificación de la mujer y su ascenso a todos los niveles humanos, aún al sacerdocio.... ; la corrección del actual Código de derecho canónico, para darle una finalidad más pastoral que imperial....; la supresión del sistema penalista del Catecismo actual... Etcétera, etcétera.

Conclusión: La esperanza, es la virtud del que tiene fe. El que tiene fe, abdica del temor. "¡Pedro, deja tu espada!... ¡Conduce mar adentro!.. ¡No temas... Yo estaré siempre contigo!".

Pbro. José Amado Aguirre. T. 03532-420619 padreaguirre@arnet.com.ar