Buscar | Ver Intro | Chat
   "Web dedicada a las ciencias alternativas."
 »  [ Home ]
  Currículum
  Entrevistas
  Ayuda Mental a Distancia
  Galería de Fotos
  ¿Problemas?Consulte
  Mitos. Leyendas,
Creencias Populares
  Quirología
  Parapsicología
  Mancebo de la tierra
  Testimonios
  Reflexiones
  Misterio Animales Mutilados.   ....................
Fenomeno O.V.N.I.
Archivo


Parapsicología Intro | Cap. 1 | Cap. 2

» Cómo trabaja el Parapsicólogo 

Capitulo I

PARAPSICOLOGÍA Y BIOLOGÍA MOLECULAR

 

Ya no hay duda alguna, el el estado actual de las investigaciones, que la percepción extrasensorial (la extrasensorial perception del habla inglesa, ESP) forma parte hoy del repertorio habitual del trabajador en comportamientos y fenómenos mentales.

 

Las facultades de este tipo, denominadas globalmente psi, han sido sometidas a reiteradas comprobaciones en todos los laboratorios del mundo donde estos fenómenos tienen personería, de modo tal que como se ha dicho, ninguna duda queda de su existencia y han sido admitidos hasta por los más enconados negadores iniciales.

 

Contemporáneamente esta admisión ha sido corroborada por impresionantes chequeos matemáticos que alcanzaron, incluso, a algunas manifestaciones controversiales, como la clarividencia viajante en estado hipnótico y las pruebas telepáticas de Gilbert Murray.

 

Pero lo más importante no es el número de tales demostraciones, sino la calidad y la exactitud de las mismas. Precauciones inimaginables en otros campos científicos han sido tomadas para el control de veracidad de los fenómenos, de modo que las reticencias del comienzo (particularmente las de los psicólogos) han ido desmoronándose con el paso del tiempo.

 

El contacto con las matemáticas ha sido provechoso. Tanto que el profesor E.V. Huntington, de la Universidad de Harvard, resumiendo cuestiosnes matemáticas relacionadas con la ESP, finalizaba afirmando en el artículo que publicó el "American Scholar": "Si las matemáticas han resuelto con buen éxito la custión del azar, ¿qué tiene que decir la Psicología de la hipótesis de la ESP?"

 

El reconocimiento de las facultades psi queda patentizado por el otorgamiento del doctorado en en numerosas universidades inglesas a tesis que tratan sobre la ESP. Así, para citar algunas de tales distinciones, la conferida a S.G. Soal por su valioso estudio de la telepatía precognitiva.

 

La ciencia inglesa, en este aspecto, se muestra más tolerante que la norteamericana respecto de la parapsicología tanto que figuran en la English Society gran número de eminentes científicos británicos dedicados desde hace muchísimo tiempo a la investigación de fenómenos que, hasta principios de siglo, permanecían relegados al plano de los esotérico.

 

La pontencialidad psi ha tenido de esta entrada cabal y categórica al mundo de la ciencia oficial. Desde el punto de vista académico, las primeras manifestaciones establecidas y estudiadas sistemáticamente fueron las de la telepatía y la clarividencia, en un comienzo considerados como fenómenos dependientes de la hipnosis.

 

La telepatía comportaba la posesión de poderes que trascendían la simple mecánica cerebral y que, en cierta forma, eran una refutación palmaria de la teoría física de la mente que había elaborado el materialismo determinista.

 

El fenómeno telepático en sí mismo era conocido históricamente desde la antigüedad, formando parte de la tradición cultural del hombre; tanto que ya hasta el mismo Demócrito suscribió en su tiempo una teoría sobre su funcionamiento. Y ni que decir de las llamadas ciencias o disciplinas mánticas, órficas y adivinatorias: todas ellas tienen o tuvieron que ver la etapa prehistórica de la telepatía y clarividencia, mucho antes de que estos fenómenos tuvieran carta franca en los anales estrictamente científicos.

 

El hombre de la antigüedad no sólo los conocía, sino que los practicaba, como base o fundamento de los innumerables ritos y religiosidades que tenían que ver con la predicción y el contacto mental con la divinidad.

 

Pero, como se han dicho, sólo con las experiencias de Mesmer sobre sujetos hipnotizados de telepatía tuvo comprobación científica; y ya en 1880, con el trabajo sobre sujetos en estado normal, quedó demostrado que ambos fenómenos (hipnosis y telepatía) eran totalmente independientes y que su vinculación era simplemente circunstancial.

 

Al introducirse más tarde en las experiencias el cálculo de probabilidades, éstas empezaron a modificarse, de igual modo que aumentó la variedad al aumentarse el número de experimentadores. El saldo final de todo ese proceso fue la constatación singular de que las facultades telepáticas no eran privativas de sujetos excepcionales, sino una facultad ampliamente participada y difundida por el género humano.

 

Lo que aparentemente entrañaba la posesión exclusiva de un poder por parte de personas dotadas, no era nada más que una simple confusión, porque el dotado era y es alguien que, sin saberlo a veces, se entrena en la producción del fenómeno psi.

 

Si bien los fenómenos mencionados forman parte del acervo cultural de la humanidad, y han tenido participación sobresaliente en numerosos episodios sobresaliente en numerosos episodios de su historia, por su inhabitualidad y rareza aparente fueron ignorados ciegamente por la ciencia ortodoxa y meramente consignados en aquellos niveles como "fenómenos psíquicos".

 

Solamente el tesón y empecinamiento heroico de algunos pocos investigadores pudo al fin imponer la verdad de sus comprobaciones y desmoronar las resistencias oficiales, que globalmente se oponían a cualquier hipótesis de trabajo que sugiriese la presencia de facultades, poderes o factores no físicos en el hombre.

 

La telepatía, obvio es decirlo, por ser de orden extrasensorial y fuera de la dinámica del sistema nervioso, no se ajustaba a la concepción físico material imperante y los psicólogos se esmeraban inútilmente en explicar de procesos psíquicos y físicos.

 

No sólo los psicólogos se habían embarcado en la explicación dentro del marco teórico del materialismo; también lo hicieron investigadores de otras áreas del conocimiento. Así por citar algunos ejemplos de estas infructuosas tentativas, el físico William Crookes sugería - aunque confesado no estar muy convencido - que en la transmisión del pensamiento debían tal vez actuar ondas cerebrales semejantes a las de radio.

 

Otro físico, el alemán Wilhem Ostwald, opinaba que la energía psíquica era sólo una forma de la energía física. Finalmente, el neuropsiquiatra Auguste Forel explicaba a la telepatía como la Facultad basada en la trasmisión electrónica.

 

El hecho de que ninguna de estas teorías consiguiera explicar satisfactoriamente a la telepatía fue de enorme importancia para la admisión final de que las potencialidades psi extrañaban la existencia de un campo no sujeto al marco explicativo fisicalista. Y de que las formas extrasensoriales de percepción Constituían un nuevo aporte al conocimiento total del hombre.

 

La clarividencia (percepción de objetos o sucesos objetivos sin utilización de los sentidos clásicos) complicó todavía más el panorama y la controversión, especialmente al demostrarse que también era independiente de la hipnosis que podía tener existencia en sujetos en estado de vigilia, tal como lo patentizaron los experimentos de Naum Kotik en Rusia, Rudolf  TIschner en Alemania, Ioa Jephson en Inglaterra y Upton Sinclair en los Estados Unidos.

 

De allí en adelante, no solamente en la Universidad de Duke, sino en las de Colorado, Nueva York y Bonn, y en el Eard College de Inglaterra, los experimentos confirmaron la realidad de la clarividencia, abatiéndose así a los escasos focos de oposición que ambos fenómenos, la telepatía y la clarividencia, habían suscitado al entrar en la mira de los científicos.

 

Lejos ya de las ciencias adivinatorias, y hasta del espiritismo, los fenómenos psi, espontáneos o voluntarios, han permitido elevar a la disciplina que los estudia, la parapsicología, a una categoría jerárquica, dentro del panorama de la ciencia, que hasta no hace mucho tiempo era impensable adjudicarle sin encontrar acérrimas resistencias. La parapsicología está hoy coherentemente integrada al campo de las disciplinas que tienen que ver con el conocimiento total del hombre.

 

Ni la telepatía ni la clarividencia parecen estar sujetas a relaciones espacio-temporales. Los fenómenos parapsicológicos en general, sean experimentales o espontáneos, se han manifestado con independencia respecto de la distancia por lo menos. La transmisión mental entro dos sujetos es igualmente posible si están en habitaciones vecinas como si están separados por enormes distancias. En este último caso, pareciera que las circunstancias de infortunio, desastre o conmoción violenta potenciaran la capacidad trasmisora; así, por ejemplo, son numerosos los casos de experiencias parapsíquicas en las que esposas, madres o novias de soldados en guerra experimentaron vívidas impresiones de que estos se lesionaban o morían en el mismo momento en que ello acaecía, a miles de kilómetros de distancia.

 

Pero la más extraña y perturbadora de las experiencias parapsíquicas es la que se conoce con el nombre de profecía. De igual manera que la clarividencia y la telepatía, la facultad de profetizar acontecimientos futuros ha sido, desde los inicios de la humanidad, una práctica aparentemente sobrenatural en todas las civilizaciones en las que fuera evidenciada y, aún hoy, mantiene ese carácter milagroso que le ha deparado, entre otras cosas ser resistida por la ciencia oficial. Marginada hacia los límites de la superstición y la mentira, no hay manera de convencer a los científicos ortodoxos de la evidencia de la precognición, por cuanto el marco fisicalista en que aquellos se mueven les impide aceptar que el acto de percepción, que es el resultado, precede a su causa.

 

Pero lo realmente cierto es que, cuando la evidencia de un fenómeno se torna lo suficientemente clara como para que ya no existan dudas de su existencia, lo que debe hacerse es ampliar o cambiar el marco referente para posibilitar la entrada del nuevo fenómeno en el sistema universal de los conocimientos, y no -como ha sucedido hasta ahora- negar sistemáticamente y sin prueba contraria lo que es evidente.

La comprobación experimental de la precognición ha sido uno de los logros afortunados de la investigación parapsicológica. Esas verificaciones son recientes, pese a que -como se dijo- esta facultad fue practicada en todas las épocas y en todas las partes del mundo donde la religión tuvo una posición social dominante. Sin embargo, no todos los casos de precognición tuvieron o tienen vinculaciones con la religión, y se cuentan decenas de casos espontáneos ocurridos a personas que nada tienen que ver con lo religioso.

La primera prueba experimental (en la cual el sujeto debía predecir el orden en que quedarían los naipes de un mazo después de barajado un número determinado de veces durante un tiempo prefijado) dio sorprendentemente un resultado muy superior a la mera probabilidad, y más aun cuando se sustituyó el barajado manual por el mecánico.

Estas comprobaciones, practicadas en la Universidad de Duke, recibieron corroboración todavía más sólida, en Inglaterra, y utilizando una máquina electrónica automática que eliminaba cualquier intervención del sujeto y del experimentador, Tyrrell alcanzó resultados tan impresionantes que, incluso abrió la cuestión de si la mente de alguno de los dos no estaba ejerciendo alguna suerte de acción psicoquinésica sobre los naipes.

La hipótesis de este fenómeno fue consecuencia casi obligada de los trabajos sobre la ESP, aunque -obvio es decirlo- la psicoquenesia solamente es un nombre nuevo para un concepto muy difundido desde la antigüedad. Y acciones psicoquinésicas se producen, aun descartando todo el historial anterior, cada vez que una persona piensa y obra.

El fenómeno tan concreto que ha entrado ya en el campo de la misma medicina, precisamente en el ámbito de la nueva concepción psicosomática de esta disciplina, cuando admite que los efectos orgánicos son atribuibles al estado mental del paciente, y que entre el soma y la mente hay una interacción ponderable. Abundan hoy en día los médicos que aplican los métodos psicosomáticos para hacer desaparecer afecciones cutáneas y gastrointestinales consideradas indubitablemente de origen mental; se habla, en estos casos, de acción psicógena o psicogénica sobre el organismo material.

No existía comprobación experimental del fenómeno hasta antes de 1934, fecha en la que se comenzó a exponérselo en los anales de la parapsicología, al abordarse el estudio fenoménico de la mediumnidad. Desde entonces hasta la actualidad, no han cesado los registros de casos espontáneos y voluntarios de psicoquinesia, fenómeno al parecer estrechamente vinculado a la ESP; tanto que no faltan intensos de síntesis, rediciendo a esos fenómenos a un proceso único que sería la base de ambas manifestaciones. Es decir: cuando la interacción mente y materia proporciona un conocimiento extrasensorial, la denominamos ESP; cuando produce una modificación extramotriz en el medio ambiente, llamamos a la interacción PK o psicoquinesia. Thouless y Wiesner han sugerido que el proceso parapsicológico básico (integrado por ESP y PK) fuera designado con la letra griega psi; de este modo, cuando hablamos del proceso psi, de los fenómenos psi, se entenderá como tal conjunto del proceso de percepción extrasensorial y sicoquinesia.

La problemática fundamental de la parapsicología es hoy encontrar el sitio que, en el esquema de la personalidad humana, ocupa psi. Pero esa problemática debería ser también la de la psicología, que obligadamente debe trabajar para introducir la fenomenología psi dentro del sistema epistemológico.

Más que nunca la parapsicología es hoy la vanguardia de la psicología, así como ésta fue, hasta principios de siglo, una simple rama, la más avanzada y resistida, de la fisiología humana.

Cuando el hipnotismo dejó de ser una manifestación anormal, paranormal o extranormal, para ser explicado psicológicamente como un aspecto del fenómeno más amplio de la sugestión, desaparecieron del mismo las alusiones y concomitancias heréticas o excepcionales, y el hipnotismo terminó siendo considerado un fenómeno natural, que nada tiene que ver con enfermedades mentales o con estados límites de desorden afectivo. De este modo, enormes trozos de una realidad tenida como supranormal fueron acomodándose al esquema general de los acontecimientos y entraron a formar parte de los atributos normales de la personalidad. Desde este punto de vista, los fenómenos psi integran hoy la panoplia de la naturaleza humana; el esfuerzo de la ciencia debe estar encaminado a formular esa inserción, sin exclusiones ni sectarismos incompatibles con el propósito final de la ciencia, que es el de ofrecer una visión objetiva y desprejuiciada, lo más completa posible, de la complejidad de la criatura humana.

Ni por un momento se piense que problemas de este carácter se presentan  sólo en el ámbito de los comportamientos y fenómenos mentales. Porque parecidas o semejantes preocupaciones y dilemas existen hoy dentro mismo de disciplinas que se manejan con lo concreto. Así, para no citar nada más que solo un ejemplo, traigamos a colación lo que esta sucediendo en el campo de la biología molecular.

Jacques Benveniste, de la unidad 200 del INSERM (Institut National de la Santé et de la Recherche Médicale), con sede en Francia, trabajando con su equipo sobre la degranulación de basófilas humanas provocadas por antisuero contra el Ig E extremadamente diluido, halló en junio de este año, 1988, que una solución acuosa de un anticuerpo conserva su capacidad de producir una respuesta biológica aún cuando la dilución llega a tal extremo que no existe probabilidad alguna de que una molécula de anticuerpo exista en la muestra. Es decir que no existe ninguna base física para tal actividad. Para explicarlo más sencillamente: las células basófilas liberan histamina en el proceso de degranulación; pero lo impactante e increíble de los resultados obtenidos es que se consigue degranulación con diluciones que llegaron a la 1-120 (la unidad seguida de 120 ceros), un nivel de dilución tan grande que implica la inexistencia física de la molécula del anticuerpo; no obstante lo cual, como se ha dicho, ¡el anticuerpo ejerce acción biológica!

"No existe explicación objetiva de este fenómeno" - comentan sus investigadores-, ni es satisfactoria la explicación de que las moléculas del anticuerpo, una vez en el agua, dejan marcas fantasmales en la estructura molecular del agua (una especia de impronta electromagnética), designadas sugestivamente como "memorias" y "metamoléculas", palabras que nos transportan inmediatamente a lo que, hace ya tiempo, sucedía en el campo de la psicología con los mal llamados fenómenos metanormales o paranormales. Y que, de modo manifiesto, nos demuestran que el marco fisicalista, aún en ciencias que tienen que ver con lo concreto, está necesitando de una ampliación imprescindible para dar cabida a manifestaciones extrafísicas.

Algunos párrafos atrás aludíamos al enfoque psicosomático de una parte de la medicina actual. Es posible que en ninguna otra porción de la ciencia aparezca con tanta nitidez la existencia de una relación recíproca entre mente y materia como en el caso singular de las llamadas "cardioneurosis".

Desde los griegos hasta el siglo XVII se sostenía que el corazón, aparte de su tarea reguladora de la circulación sanguínea, era el asiento de los afectos y las pasiones, el órgano de la iracundia, del coraje y la ambición; se creía además que el corazón alertaba al cuerpo sobre peligros internos y externos. Paulatinamente, en especial bajo la influencia del genio cartesiano, la residencia de los afectos y las pasiones empezó a ubicarse en el cerebro. Para Descartes, en el corazón de verificaban mutaciones, condicionados por el cerebro, una hipótesis que después confirmaría la moderna psicofisiología. Así por ejemplo, la demostración de que el miedo y la angustia, la cólera y la alegría podían provocarse por estímulos eléctricos en los cerebros de los pollos y gatos, y aún en porciones limitadas del cerebro humano expuesto en las operaciones quirúrgicas estereotáxicas.

A pesar de evidente relación entre este órgano y ciertos fenómenos psíquicos, no ha podido invalidarse la antigua concepción de que, entre la afectividad y la actividad cardiocirculatoria, existe una estrecha relación y que, según ella, los procesos cerebrales implicados en la comunicación de acontecimientos que influyen sobre la psiquis pueden ejercer una influencia real y efectiva sobre la actividad cardiocirculatoria por intermedio del sistema neurovegetativo. De esta manera, las funciones cardíacas varían muy apreciablemente al sobrevenir emociones como la alegría, el miedo, el dolor o la ira.

Y ha sido precisamente la medicina psicosomática (especialmente el Laboratorio del Walter Reed Army Institute of Research, de Washington) la que ha verificado modificaciones cardiocirculatorias durante reacciones psíquicas o a raíz de ellas. A menudo esas alteraciones adoptan formas de verdaderos accesos cardíacos, y entonces el médico puede comprobar las modificaciones del pulso, elevación transitoria de la presión y extrasístoles.

Las estadísticas revelan que sólo una minoría de quienes acuden al médico por anomalías cardíacas sufre realmente de una cardiopatía orgánica. Los síntomas son funcionales y consisten en palpitaciones, dolores precordiales, sensación opresiva al respirar, angustia, agitación interior, vértigos, agotamiento, temblores, sensación de frío y otros signos genéricos que llegan hasta el acceso. Sin Embargo, el electrocardiograma de tales pacientes no documenta ninguna enfermedad del corazón, y se acepta entonces, que el origen de esas alteraciones se encuentra en influjos de índole psíquica. Los médicos clínicos psicosomáticos han acuñado el término "cardioneurosis", utilizado para indicar trastornos cardioneuróticos en ausencia de toda otra alteración orgánica.

Esa comprobación es verdaderamente muy antigua; hace realmente mucho tiempo que se acepta que alteraciones cardíacas de origen netamente nervioso tienen causas psicológicas, así como también la de que muchos pacientes con alteraciones cardíacas funcionales y ansiedad están afectados por conflictos neuróticos, como la depresión.

El hallazgo más sorprendente para corroborar la recíproca relación de mente y cuerpo es el que se refiere a las influencias psicológicas en la etiología de las coronariopatías, especialmente en infarto, verificado a través de las pruebas sistemáticas de Rosenman y Friedman, en San Francisco de California: los autores comprobaron estadísticamente su hipótesis de que las personas de carácter ambicioso y agresivo manifiestan coronariopatías más frecuentes que el resto de los humanos. Por consecuencia, no sólo hay estrecha relación entre las influencias psíquicas y las alteraciones cardíacas, nerviosas o funcionales, sino también una vinculación ostensiblemente significativa entre los factores psíquicos y la enfermedad cardiaca orgánica más temida, el infarto.

De todas estas consideraciones se infiere el enorme campo de estudio que se abre a la especulación investigativa de todas aquellas ciencias que tienen que ver con el comportamiento humano, La psicología, y su frontera más avanzada, la parapsicología, no pueden estar ausentes de ese propósito trascendental.

A nivel de naciones, es cada vez más destacado el papel que se le asigna a la parapsicología, habiéndosela incorporado públicamente a los esquemas de formación científica en universidades, institutos y laboratorios estatales y privados del mundo entero.

Llama por eso la atención que, en la República Argentina, se ha operado un retroceso respecto de la situación imperante en décadas atrás. No olvidemos que la parapsicología fue disciplina de estudio en las universidades nacionales y que, específicamente en la del Litoral, se dictó desde 1961 a 1966 la cátedra de parapsicología dentro del plan de estudios de la carrera de psicología.

Y si bien es cierto que la iniciativa privada cubre los vacíos que abandonara detrás de ella la instrucción oficial, sería menester de devolverle al país su rango de pionero en el desarrollo, formación, formación y profesionalismo de los estudios de este campo tan inmensamente pródigo en conquistas que, de un modo espectacular, han ampliado la visión del hombre contemporáneo y su inserción en el esquema total del Universo.