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Parapsicología Intro | Cap. 1 | Cap. 2

» Cómo trabaja el Parapsicólogo 

Capitulo II

La Praxis del Ejercicio Profesional

 

Con respecto a la investigación parapsicológica, tendríamos que diferenciar dos campos, que los separamos a los efectos de la caracterización y a los efectos del razonamiento, pero que deben y que funcionan en la realidad absolutamente juntos; el primer aspecto del parapsicólogo es como investigador. Como investigador parapsicológico se dedica al estudio de las fuerzas parasíquicas, trabaja en el campo experimental.

 

Su finalidad es formular leyes y modelos y los resultados de sus trabajos son medios para formular esas leyes y modelos, su método de trabajo es empírico inductivo, esto quiere decir que a través del estudio de casos concretos deduce los principios generales de la ciencia. Es un método desde abajo hacia arriba, desde la experiencia hacia lo superior.

 

El parapsicólogo como técnico es en cambio el que aplica la fuerza de la fe nomenológica estudiada a casos concretos en espera de resultados, estos resultados esperados están fuera del campo experimental. Es decir que los resultados esperados, en este caso, no son para una experimentación y elaborar leyes generales, sino que el mismo resultado esperado es el objetivo final del trabajo. Así el parapsicólogo que está empleando una terapia como aquel que quiere equilibrar parapsicológicamente a una persona y logra ese equilibrio, consigue restaurar ese equilibrio roto. La restauración de ese equilibrio roto era todo lo que el parapsicólogo pretendía.

 

Si al parapsicólogo como técnico le interesan algunas de las potencialidades parapsicológicas, por ejemplo la clarividencia a los efectos de esclarecer un hecho, el hecho de haber producido la clarividencia no sirve como soporte para esbozar una ley general acerca del fenómeno sino que sirve para conocer quién mató a fulano o dónde se encuentra sultano. Es decir, el el caso del parapsicólogo como técnico lo que existe es una pretensión de resultados concretos; el logro de estos resultados pretendidos es en si el mismo el único beneficio esperado. Muy bien hicimos esta diferenciación, pero debe quedar bien entendido, que estos dos aspectos se relacionan intensamente uno con el otro; la faz del investigador y la faz técnica son absolutamente inseparables en el análisis de la profesión del parapsicólogo y tenemos que sostener que también son inseparables en el análisis de cualquier profesión.

 

Cualquier profesión tiene un aspecto teórico (el aspecto del investigador en el gabinete de trabajo); ( el aspecto de investigador como técnico). Así, el estudioso de la medicina y el médico en su práctica hospitalaria o de consultorio suelen superponerse. Suele pensarse que el parapsicólogo debe ser exclusivamente un investigador aséptico encerrado en su laboratorio pero que no tiene por qué ejercer la faz técnica ni utilizar en beneficio propio o de terceros el potencial parapsicológico propio o ajeno. Es decir, se suele sostener que el parapsicólogo no tiene por qué ser utilitario, que se es parapsicólogo y tanto mejor parapsicólogo se es cuando más aséptico se sea en el trabajo científico; cuando más se esquive el trabajo esotérico o el trabajo directo con las fuerzas parapsíquicas. Sin embargo, en otras disciplinas la teoría no se ve tan escindida de la práctica. El psicólogo, si bien estudia la fenomenología psíquica y labora leyes generales y modelos, considera razonable y hasta necesario utilizar sus conocimientos en la práctica concreta, tratando casos terapéuticamente. Es más: se considera incluso que la aplicación técnica del conocimiento favorecerán su desarrollo teórico. Esto es cierto y cabe agregar en este punto que el conocimiento crece dialécticamente entre teoría y práctica.

 

Es decir, que la práctica puede proveer hechos, no esperados, no abarcados en principio por la teoría, exigiendo una modificación de la misma para comprender esos nuevos hechos; es decir, la práctica de alguna manera desmiente a los modelos o exige nuevos modelos para poder comprender mejor. La disciplina se transforman en un arte cuando esos principios abstractos deben ser aplicados a casos concretos. Así, un psicoanalista estudia la mecánica del inconsciente, de acuerdo a como lo prescribe la técnica del psicoanálisis. Así puede el psicoanalista estudiar todas la teorías freudianas, pero ese psicoanalista ( enfrentado a un caso concreto de una neurosis en una persona concreta) debe transformar esos conocimientos aprendidos, esos principios abstractos; debe transformarlos en salud, en equilibrio de una persona determinada.

 

Esa transmutación de teoría y de principios abstractos en salud, esa transmutación de las técnicas que conoce el médico en salud concreta, en estado físico de una persona determinada, transforma a la medicina o ciencia en un arte. Esa posibilidad de lograr el resultado concreto, esa posibilidad de utilizar la técnica y lograr la transformación en el mundo, es lo que podríamos especificar como la parte artística de la ciencia.

 

Esta creencia, que ronda dentro del campo de la parapsicología, de que el parapsicólogo debe ser un científico aséptico, que no debe ser un artista de la parapsicología, que no debe ser un técnico que aplica su potencialidad parapsíquica o la potencialidad propia o ajena en la práctica diaria, esta creencia de la asepcia debida del parapsicólogo, está realmente cubriendo los efectos de un trauma cultural con respecto a la fenomenología parapsicológica.

Así como los individuos heredan los traumas de su vida pasada, la cultura también sufre marcas, tiene callosidades y durezas, heredadas por los golpes recibidos en su historia.

 

No tenemos que olvidar, entonces, que la parapsicología fue específicamente perseguida, no bajo el nombre de parapsicología, sino bajo los nombres antiguos que tomó la disciplina. Podemos decir que existió siempre la fenomenología parapsicológica y que siempre hubo algún modelo de investigación. No, por supuesto, tan meticulosamente científico, tan positivista, o estructurado, como surgió a partir de Rhine, pero siempre existió esa fenomenología y siempre estuvo el hombre interesado por ese tipo de fenómenos y siempre tuvo algún modelo para abarcarlos. Esta fenomenología, con los modelos que la explicaron a través de la historia, fue específicamente censurada con el avance del Renacimiento, censurada en la etapa mística medieval y, posteriormente, con las más avanzadas escuelas del Renacimiento; el positivismo racionalista del siglo XIII, y el materialismo. Yo creo que es importante ver eso, ver la filosofía materialista que vuelve a la mente insensible o que propugne la insensibilidad para determinados tipos de fenómenos. Esta censura que es cultural que se sostuvo históricamente para transformar al hombre en dueño de su medio, sin que hubiera que tener en cuenta fuerza espiritual superior que pudiera condicionar y dominar la vida del hombre sobre la tierra. Esta censura ha permanecido en los pueblos a través de la cultura.

 

La parapsicología ha logrado resurgir a través del tiempo, pero el temor con respecto a lo parapsicológico sigue, continúa; la fenomenología parapsicológica ha sido detectada por los brujos, por los curanderos, por los manosantas en estos momentos los científicos nos estamos dedicando al estudio de esta fenomenología, la del brujo y la del curandero; estudiamos lo que hace el manosanta, lo que hace el vidente del pueblo. Estamos estudiando ese tipo de fenomenología, pero también somos señores de saco y corbata, somos señores que vivimos en una ciudad y que pretendemos regirnos por las pautas más tradicionales y respetables de la ciencia. Entonces, esa dualidad de nuestro objeto de estudio por un lado y ese racionalismo tan deseable socialmente, nos lleva a una serie de enfrentamientos de los cuales nunca sale bien parada la faz técnica, la faz concreta, la faz pragmática. En consecuencia, la faz pragmática queda marginada.

 

El parapsicólogo tiene miedo de que lo llamen brujo; se contacta con los brujos, estudia lo que hacen los brujos, pero tiene miedo a hacer lo mismo que el brujo. Tiene miedo a transformarse en el objeto de estudio. Sería algo parecido a si el zoólogo tuviera miedo de transformarse en mono, por ejemplo. Este ejemplo es cómico pero en la realidad muestra como funciona un sistema que le provee mucha seguridad al parapsicólogo.

Al considerar que la brujería es solamente un objeto de su estudio, entonces el puede considerarse dentro del campo seguro y resguardado de la ciencia tradicional; pone a su mono entre rejas y pierde la angustia de sentirse mono.

 

Esta fenomenología fue censurada durante muy largo tiempo, permaneció albergada en el pragmatismo casuístico del pueblo, sumida en el desprestigio y tildada de superstición anacrónica. Este temor de la práctica es uno de los últimos síntomas que quedan de esa marginación cultural y que vive el parapsicólogo en su fuero íntimo. Este temor no lo tienen los profesionales de ninguna otra disciplina aceptable (entre comillas), dado que la misma sociedad y el sistema productivo social le exigen al científico que ejerza prácticamente sus conocimientos, demostrando la faz utilitaria concreta de la disciplina. Sería censurado el investigador meramente especulativo, el que evitara demostrar las posibilidades de modificación práctica del mundo. Su trabajo sería tildado de estéril, mucho más en una sociedad como la nuestra, específicamente registrada por la maximización de la producción. Por lo tanto, la productividad concreta de un investigador está en la medida en que puede aplicar sus conocimientos y lograr modificaciones concretas de su entorno.

Para evaluar cómo se conjugan estos dos aspectos del parapsicólogo como técnico en la realidad parapsicológica argentina, realizamos una encuesta.

La misma se practicó por el sistema de elección de sujetos encuestados al azar. La encuesta se divide en dos partes.

 

La primera tiende a determinar el grado en que una persona hace profesión de la parapsicología; la segunda parte investiga los rubros de la actividad dentro de la actividad. En ambos casos la encuesta que, como dijimos, está realizada por el método de elección de sujetos encuestados al azar, fue entregada a 25 parapsicológicos argentinos. En la primera parte, que era la tendiente a determinar cual era el grado de profesionalidad (es decir, cuál era el porcentaje  de dedicaciones que la persona tenía con respecto a la profesión), de los 25 parapsicólogos encuestados, 23 apuntaron una dedicación total a la parapsicología representaba en su profesión como fuente de ingreso más del 50%. Todos los parapsicólogos encuestados tenían una dedicación superior al 50%; es decir, que entre el 50% y el 75%, lo cual dejaba más o menos un 50% de ingresos exteriores a la parapsicología. Esto hace un porcentaje del 92% de dedicación exclusiva a la parapsicología.

 

Estos son los datos de la primera parte de la encuesta, es decir el porcentaje de dedicación profesional a la parapsicología. La segunda parte de la encuesta tiende a discriminar a cuál rubro dentro de la parapsicología se dedica la persona y en qué proporciones. Los rubros investigados son tres a saber: docencia, investigación y práctica o ayuda parapsicológica, que comprende desde las terapias hasta el ejercicio de mancia, con cejería espiritual, etc. De la totalidad de los parapsicólogos encuestados resultaron las siguientes cifras o porcentajes: un 15% del tiempo a la docencia y otro 15% dedicado a la investigación y un 70% destinado a la ayuda parapsicológica. Los resultados de esta encuesta marcan varios hechos de relevancia.

 

Primero: la importantísima relevancia de la ayuda parapsicológica, en la práctica el 70% de tiempo de los parapsicólogos está empleando en las terapias y en las mancias, etc, circunstancia que parecería no surgir del discurso habitual del parapsicólogo. O sea que el 70% de la vida del parapsicólogo la dedica a la ayuda terapéutica, curanderismo o brujería. Es interesante resaltar la validez de los resultados de esta encuesta por la gente con la cual se realizó. Lo cual, de algún modo, debiera hacer presuponer un grado mayor de teoría e investigación y docencias que de prácticas terapéuticas concretas, por lo que cabe esperar un porcentaje mayor si se eligieran testigos al azar fuera de este ámbito, en un ámbito parapsicológico mucho más popular, mucho menos académico, mucho menos cercano a los institutos.

 

El treinta por ciento restante aparece entre docencia e investigación por mitades. En este punto de la encuesta yo debo recalcar que pienso que el margen de la investigación ha sido un poco subido por los encuestados, por el deseo de aparentar un mayor cientificismo. Lo deduzco de la mayor inseguridad que se notó en la respuesta por la investigación. Por otra parte, estos datos se vuelven criticables, por la simple experiencia que debemos tener todos nosotros, de que el tiempo que se dedica a la docencia es mucho mayor que el que se dedica a la investigación, pese a los resultados por supuesto que da la encuesta. Lamentablemente estos datos, en caso de ser mentidos, inhabilitan la encuesta, en cuando a determinar el volumen de la investigación.

Sobre un volumen del cien por ciento, una investigación del quince por ciento, una investigación parece bastante razonable. Sin embargo, en lo personal estoy convencido de que la investigación en la Argentina escasamente debe superar el tres o cuatro por ciento. Esto se confirma por la escasez absoluta de laboratorios que hay en los institutos.

 

Estos no cuentan en su gran mayoría con laboratorios. Los grupos de estudiantes que se forman en los institutos, no quedan como grupo de investigación. El estudiante egresado, tiene su título y se retira a la vida particular a trabajar o a hacer producir su título o acumularlo como prueba de su conocimiento. Pero el egresado de los institutos no vuelve a los institutos como investigador. El instituto es la entidad tipo, a través de la cual gira la parapsicología en la Argentina, dedicada un noventa por ciento a la docencia, pues es el sostén del instituto. En cuanto a la investigación, no habiendo organismos oficiales que financien y no siendo lucrativos para los institutos privados, sostengo que la misma (a pesar de lo que dice la encuesta) no debe exceder del tres o cuatro por ciento. Según demostramos en la encuesta representa el setenta por ciento de la posibilidad de tiempo dedicado por el parapsicólogo y yo creo que de los ingresos debe representar más del setenta por ciento esa parte terapéutica.

 

Esta persecución que se realiza de mil maneras y con fines diversos, es una persecución oficial. En principio, es una persecución sistemática fundada en el temor a lo extraño. Así, no solamente se persigue a la parapsicología, sino a cualquier cosa que pudiera resultar extraña o presuntamente nociva, o simplemente intrigante; también hay una finalidad mucho más traumática, que es la de percibir dinero por la protección para no estorbar el trabajo. De esto hay infinidad de anécdotas para contar; se quiso realizar una encuesta con el tema de coima y extorsión, pero la respuesta evasiva de los parapsicólogos encuestados la tornaron imposible. Pero basándonos en la simple experiencia, podemos decir que no hay parapsicólogos que no hayan sido visitados una o dos veces por la policía y que por lo menos algunas de esas veces no lo hayan en los términos correctos con que los agentes del orden debieran hacerlo.

 

Ahora vamos a hechar un vistazo a la praxis parapsicológica en otros países. El Dr. Hosea Mundi, nacido en Camerún, explicó que la gente prefiere a los médicos nativos por dos motivos: en primer lugar, porque los africanos otorgan gran importancia al contacto físico en la producción del diagnóstico; es decir, la intervención activa con el médico. Y segundo; piensan en la experiencia de dos clases de enfermedades. Una es de imcumbencia hospitalaria y otra que debe ser tratada por los nativos. Es decir, hay un tipo de enfermedad que debe ser tratada en hospitales de los blancos y otra que debe ser tratada por los nativos.

 

Cuando fracasan los médicos nativos es entonces ahí cuando deben recurrir a los hospitales. Desde ya, en nuestro país este fenómeno se presenta de un modo bien diferente, puesto que la ciencia oficial, el sistema sociocultural argentino ortodoxo, no acepta la raíz popular, no acepta las medicinas populares, impone de modo estricto la medicina oficial, la medicina convencional.

Esto es evidentemente una negación de las verdaderas posibilidades que tradicionalmente se han practicado en esta tierra. Se han practicado y se practican, puesto que las pocas tribus que en este momento quedan socialmente integradas, conservan su estructura social, sus costumbres, practican actualmente el curanderismo o sus formas de medicina tradicional.

 

Para ir a regiones más "civilizadas", podemos decir que en Alemania, la profesión del parapsicólogo está reglamentada; en Bélgica, en Italia y en Inglaterra, si bien los parapsicólogos cuentan con un buen número de médicos que le son hostiles, no existen normas que prohíban el tratamiento parapsicológico por imposición o pomadas neutras, o por la ejecución de pases seudomagnéticos.

 

Para terminar y, a título de curiosidad, citemos el extraño y feliz caso del Camtonde Apenssel, en Suiza, donde todo individuo del que las autoridades poseen informes de buenas costumbres, tiene derecho a instalarse, a abrir un gabinete y aconsejar y vender medicamentos al público; en su mayoría, estos medicamentos son de fabricación propia. Apenssel, por supuesto, es el paraíso de los curanderos; y a decir verdad, los habitantes de este maravilloso país no se encuentran ni peor ni mejor de salud que en cualquier otra del mundo.

 

Esperemos que de seguir en este querido país, me refiero a este momento actual, en donde se puede hablar con absoluta libertad y derecho, con este gobierno o con otros, donde se conserven y respeten los derechos individuales, lograremos no dentro de muchos años, de alguna forma lo que se ha logrado en Suiza.