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Tú
que pasas y levantas contra mí tu brazo: antes de hacerme
mal, mírame bien.
Yo
soy el calor de tu hogar en las noches frías del invierno.
Yo
soy la sombra amiga que te protege contra el sol estival.
Mis
frutos sacian tu hambre y calman tu sed.
Yo
soy la viga que soporta el techo de tu casa, la tabla
de tu mesa, la cama en que descansas.
Yo
soy el mango de tus herramientas, la puerta de tu hogar.
Cuando
naces, tengo madera para tu cuna: cuando mueres en forma
de ataúd, aún te acompaño al seno de la tierra.
Soy
pan de bondad y flor de belleza.
Si
me amas como merezco, defiéndeme contra los insensatos.
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